martes, 8 de diciembre de 2009

Tercera: Estar enamorado no significa ser correspondido.

Pasaron dos meses y estoy nuevamente aquí con mas de aquel caballero, de repente este distanciamiento tuvo que suceder para afirmar mas aun algunos sentimientos, y demás juegos que nos hace el corazón, pero estoy aquí aun de pie listo para seguir con esta gran historia de nombre tan sencillo… “Mi VIDA”…

Vida

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TERCERA: Estar enamorado no significa ser correspondido:

love_potion_9…La enfermera lucía particularmente activa esa mañana. Solo bastaba con mirar sus ágiles movimientos sobre la mesa de materiales, sin dejar de hacer notas con esa pluma que se movía a un lado de ella, mientras la mujer terminaba de mezclar esa poción de horrendo sabor.

 

Eran las mismas acciones, cierto, pero la mujer parecía adquirir un exceso de energía que habría causado la envidia de cualquiera. Y la verdad la muchacha tenía la sospecha de que el animo de la enfermera tenía absoluta relación con ese temible sello del anillo de Nibelungos que obtuvo a primeras horas del inicio de la feria.
Afortunadamente el sello estaba casi extinto, pero su descubrimiento por parte de la enérgica mujer causó un regaño bastante desagradable.

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- Esta listo - anunció la mujer y se acercó hasta Verðandi para extenderle el recipiente de donde se desprendía ese desagradable olor - Procure beber todo sin vomitar la mitad - sugirió, aunque sonaba como una orden. 
La Disir no comentó nada a eso. De todas maneras de nada serviría ante la mujer. Así que tomó el recipiente y contuvo el aire para beber lo más rápido posible todo el viscoso contenido. Cuando terminó con todo, agradeció no haber percibido de lleno el sabor y entregó el recipiente a la atenta enfermera, antes de toser ruidosamente.

- Perfecto - alabó la mujer - Ahora haga el favor de no provocar a sus “amigos”, en especial a uno que sepa tan peculiar hechizo dérmico.
- Solo es un hechizo sencillo - farfulló Verðandi.
- No para usted - replicó la mujer con una ceja enarcada. Cosa que había estado haciendo muy a menudo, cuando él estaba presente - Sabe que su situación no permite un ataque mágico, aun si es así de sencillo.
La disir había escuchado el mismo argumento, cada que pisaba la enfermería.
- Cuando me convierta en una Asynjur, me iré a Asgard  y dejaré de tener problemas con los demás seres magicos - murmuró la Norna.
- ¡Claro que no! - dijo ella con las manos en las caderas - ¡Usted no se convertirá en una Asynjur mientras este bajo mi cuidado!
- Pero no ha mejorado.
- No ha empeorado - contradijo ella - Y no lo hará mientras siga tratando su caso.

La mujer parecía muy segura. Aunque Verdandi no había apoyado toda su fe en esas palabras ya que sabía que su caso era bastante difícil.
- Claro que las cosas se facilitarían bastante si usted accediera a la otra opción.
- Aun no puedo creer que usted me proponga, precisamente eso - dijo con tono molesto; lo que provocó un rubor en las mejillas de la mujer. Sin embargo la Norna no se sintió mejor - Pienso que su capacidad será suficiente; así que me encargaré de seguir sus instrucciones al pie de la letra.
Dicho eso, la disir se puso de pie y asomó la cara en el espejo que estaba en la mesita de noche, a un lado de la cama. Suspiró al notar que el sello casi desaparecía.

Al menos ya no tendría que lucir esa horrenda mancha sobre la piel. y Verðandi tendría que recordarlo la próxima vez, cuando deseara molestar a la Valquiria. Aunque al momento de tener a un Caballero presente, resultaba bastante difícil medir las consecuencias.
Llegado a ese punto, resultaba perfectamente justificable asegurar que todos los del clan del Caballero eran causantes de sus dificultades.
"Muy especialmente uno", pensó con ironía, antes de acomodarse el cabello.
- ¿No esta siendo necia, señorita Verðandi? - se escuchó la voz de la insistente enfermera - Usted necesita de esa ayuda.
Verðandi se había convertido en un paciente ejemplar, pero estaba claro que eso no complacía a la mujer.
- No - dijo con determinación - y mucho menos si se trata de esa persona.
- Él no se negaría - replicó ella, logrando incomodar bastante al rubio.
- Mi propia negación me basta, señora - murmuró la Disir, dando por terminada la discusión.

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Cuando el Soñador la vio, un traicionero sobresalto en su pecho anunció con euforia la carencia del sello en ese perfecto cuerpo. Inmediatamente se odió por ello y volteó para evitar esa figura estilizada que se acercaba suavemente.
- ¿Hay algo interesante en la pared, iluso soñador? - desafortunadamente Verðandi no era de mucha ayuda.
"¡Lo esta haciendo a propósito!", pensó con furia y evitó voltear a verla. Aunque el esfuerzo estaba resultando descomunal.
- No hay nada mejor que ver - borbotó el soñador.
- Hasta pena me da imaginar la razón - ironizó la Disir - A esta edad todos pasean con una linda novia y el gran Caballero, héroe (por segunda vez) de la Mundo de Papel, se detiene bruscamente a mirar, nada más y nada menos que una mohosa pared.
Eso había sonado bastante ofensivo. Hasta su corazón estuvo de acuerdo.

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- ¿Y no se te ocurrió pensar que lo hice para no verte a ti, joven Norna? - gruñó.
- Que idiota – la Disir enarcó una ceja - ¿Por qué habrías de reaccionar así al verme?
Buena pregunta, concedió el soñador.
- En todo caso puedes volver a perder los anteojos - continuó - Luces menos idiota que volteando hacia una pared. Aunque no me interesa - agregó rápidamente - ; por mí puedes seguir tan idiota como siempre, mientras no me involucres.
"Eso va a ser bastante difícil", pensó el Caballero con amargura, mientras la escuchaba bufar "Tu eres la culpable de que me discusion (1)comporte así".
El soñador se atrevió a posar su mirada la Norna y notó una   expresión que parecía genuina curiosidad. Eso le incomodó bastante, muy especialmente porque su corazón eligió ese momento para hacerse notar.
- ¿Qué? - preguntó el caballero.
- Solo me preguntaba la razón por la que un completo idiota, que no aprecia fama o poder, recibió tantos beneficios - la Disir frunció el ceño - Otro habría aprovechado mejor lo que tienes.
- ¿Alguien como tu? - dijo el soñador con irritación - Disculpa que no satisfaga tus expectativas.
- Es la segunda vez que te disculpas conmigo, Caballero – la Disir enarcó una ceja - Derrotaste al Señor de la Oscuridad y salvaste los corazones de gente muy cercana; debería ser yo quien pida disculpa.

El soñador se ruborizó,
- Pero es algo que nunca verás, tonto caballero - agregó con burla y avanzó hacia el gran comedor.
El soñador tuvo la impresión de que acababa de ocurrir algo muy importante y no se había enterado.
Con fastidio, cruzó los brazos y torció la boca, coincidiendo, por primera vez, con su corazón, quien le confesaba que nunca llegaría comprender a al Norna. 
Claro que el caballero prefería no darle mucho tiempo a su corazón para hacerse dueño de sus pensamientos, así que sacudió la cabeza y caminó hacia el comedor, logrando mantener la vista e sus risueños amigos, quienes comían con bastante animo.
La verdad es que eso contagió al joven, quien se acercó hasta la mesa y se sentó junto a Asuka. comedor3
-Tardaste en llegar, compañero - señaló el Fantasma Realista y se metió un pedazo de pan en la boca, y no es que necesitara comer.
- Se me atravesó un problema - respondió el soñador tras servirse algo de comida - Desde que entre los vi muy animados.
- Aceptaron la creación del club de “愛 Ai” - informó la Asuka con una radiante sonrisa - , hoy comenzaremos a colocar los folletos para que los alumnos se inscriban, ¡va a ser muy divertido!
- ¿Un club? – El Caballero miró a su amiga - ¿De qué?
- Creo que te lo dije unas cuantas veces - dijo ella con una mueca - No entiendo en qué puedes estar pensando para no atender lo que te digo.
Harry se puso colorado.


- Es un club genial, “愛 Ai” me lo explicó – Asuka se entusiasmó - Podremos reunir a todas las chicas y hablar de esas cosas que solo las chicas comprendemos.
- Y chicos - corrigió “愛 Ai” - No solo reuniremos princesas, disir, doncellas…. Creo que habíamos acordado eso.
- Oh, si - murmuró la muchacha.
- ¿De qué? - insistió el soñador.
- De teatro - dijo la chica y miró al caballero - , espero que esta vez no lo olvides.
- ¿Un club de teatro? - el joven soñador arrugó el ceño y escuchó una risa del Fantasma - ¿No es muy extraño para un lugar como este?
- Se ve que no has puesto atención a “愛 Ai”, amigo.
- ¿Ah, no? – El joven se ruborizó. La verdad es que no recordaba el momento en que ella le había explicado al respecto.
- Me parece absurdo que un Reino con la misión que tiene el mundo de papel no este tomando acciones para la eliminar la división existente entre las cuatro naciones - dijo “愛 Ai”.
- Por eso hay cuatro casas, “愛 Ai” - replicó el Relaista.
- El caballero ha logrado acabar con la guerra - continuó ella, logrando que el joven se ruborizara - ; sin embargo aun existen tensiones absurdas entre nosotros.
- Porque somos de distintas casas - volvió a interrumpir el Realista. 
El caballero empezó a comprender el punto de “愛 Ai”.
- El club de teatro busca crear mayor armonía entre todos nosotros - dijo ella con un tono de voz decidido y entusiasta.
- ¿Mixto? - preguntó el soñador y recibió una mirada de la muchacha que le hizo carraspear - Ya entiendo, pero, ¿querrán inscribirse? 
“愛 Ai” se ruborizó. Esa fue la señal que el joven estaba esperando para saber que se encontraba en una situación desfavorable con respecto al famoso club de teatro y tras cinco intensos minutos en que la muchacha desarrolló un extenso, aburrido y convincente discurso logró que fuera el nombre del caballero el que luciera como número uno en la lista de inscritos.
Resultaba increíble, aun para el propio soñador, ser testigo de todo el entusiasmo que dejaba ver “愛 Ai”. Ella caminaba por delante del Realista, acompañada de Asuka. Ambas haciendo planes sobre la próxima reunión.
Finalmente colocaron el anuncio en una de las pizarras y caminaron hacia donde se ubicaba otra.
El caballero suspiró pensando en su nueva responsabilidad. La verdad es que comenzaba a creer que hubiera sido estupenda idea preguntar a su amiga sobre las actividades a las que estaría sujeto, ya que, a pesar de que podía darse alguna idea de lo que era el teatro, no estaba seguro de lo que deberían realizar los integrantes de un club, más específicamente cuando la mayoría resultarían ser magos.

- ¿Tu has entrado? - preguntó a su amigo Realista.
- No - dijo él, rascándose la nariz - “愛 Ai” no le lo pidió. Lo cual agradezco.
- ¿Por qué?
- No lo sé - el Fantasma se encogió de hombros.
Harry comenzó a tener un nuevo mal presentimiento al respecto.
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“愛 Ai” era una chica persistente al momento de obtener algo. No empleaba a menudo la palabra “imposible” ya que tenía plena convicción de que todo podía conseguirse, aun en el mundo mágico.
Por ello se había propuesto terminar con los resentimientos que aun perturbaban entre los habitantes del reino, pese a que la guerra naciones había terminado a favor de los buenos.
Ella había notado inseguridad entre los del reino, muy especialmente entre los de los grupos inferiores. Y la verdad es que los comprendía. A pesar de que ya no estaban bajo esa dinámica que exponía su vida y sus ideales, se habían visto cobijados por la influencia de los, todos pertenecientes a la generación de ella.

Eso le parecía totalmente injusto, especialmente porque nada debería atemorizar a los tan jóvenes, mucho menos cuando el principal enemigo había resultado vencido.
Por ello había sido una suerte que el caballero accediera a unirse al club de teatro, en el que ella había pensado. Desde que inició el curso se dio cuenta de que muchos se sentían inseguros por dar el primer paso. Así que, teniendo el apoyo de alguien tan reconocido como un Caballero, facilitaría muchas cosas, no solo para la formación del club mismo.

Llegado a ese punto, “愛 Ai” sonrió y avanzó con más entusiasmo hacia la nacion de los ultimos Tarchalcum, pais de origen de las Disir .
Tenía a uno de los actores principales de su lado, pero le hacía falta el otro. Precisamente aquel que lograría una verdadera asistencia mixta en el club, debido a esa interesante influencia que tenía sobre sus compañeros de casa, aun en los más pequeños.
Era cierto que la chica no les había causado muchos problemas, pero “愛 Ai” era tan consciente de su problema que no le extrañaba su postura neutral y discreta.
Sin embargo su participación en el club sería un importante detonante. Así que no podía dejarla de lado, pese a que “愛 Ai” sabía que a ella no le agradaría la idea en lo más mínimo.
- ¡Por fin te encontré! - exclamó “愛 Ai” y corrió hasta alcanzar a la chica para entregarle un folleto - La primera reunión es el sábado.
La chica enarcó ambas cejas.
- No - dijo con determinación.
- El soñador estará ahí - dijo “愛 Ai”.
- Razón de más para negarme - ironizó ella e intentó escapar.
“愛 Ai” infló ambas mejillas y corrió detrás de ella.
- No puedes negarte - le dijo, dispuesta a no permitirle huir.
- ¡Claro que puedo!
-Les diré a todos tu secreto.
Ella se detuvo ante eso. “愛 Ai” tuvo un pinchazo de satisfacción.
- ¿Me estás amenazando?
- ¿Eso parece? - ronroneó ella - Entonces así es. Si no te veo en el club de teatro, me encargaré de que todos sepan "eso" que escondes tan celosamente.
- Eso es bajo de tu parte.
- Las cosas cambian - murmuró ella.
- Las personas también, por lo que veo - siseó la joven - , esta bien. Estaré ahí el próximo sábado.
- Y todos los sábados - agregó ella.
- Y todos los sábados - aceptó con un gruñido.
- ¡Perfecto!

o.o.o.o.o.o
El soñador chocó con alguien justo bajo el marco de la entrada .
No había bastado llegar tarde a la famosa reunión del club, por culpa de aquel Realista, quien había perdido el tiempo escogiendo los brebajes que debería comprar. Ahora también debía sobarse la nariz y buscar sus lentes al mismo tiempo, en el suelo.
Pero no suficiente con eso, tuvo que levantar la mirada para ver esa sonrisa retorcida desde abajo.
- Siempre pensé que estarías a mis pies, soñador, pero debo admitir que es demasiado pronto.
¿Qué?
¿Se había equivocado de sitio?
La repentina salida de “愛 Ai”, quien acudió a ayudarlo, le hizo comprender que no se había equivocado. También tuvo que entender la razón de su mal presentimiento a medida que era consciente de ese brincoteo en su pecho y una ineludible realidad le golpeó de lleno.
- ¡¿Qué hace Verðandi aquí?!

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